Los Siete Dioses de la Fortuna

publicado en: Uncategorized | 0

El culto a los Siete Dioses de la Fortuna forma parte de un sistema religioso japonés derivado de una combinación de creencias indígenas y budistas, y hace referencia a las deidades Ebisu, Hotei Sama, Benzaiten, Bishamonten, Daikokuten, Jurōjin y Fukurokuju. Estas divinidades son de distinta procedencia, incluyendo el hinduismo, el budismo, el taoísmo y el sintoísmo, y si uno rinde homenaje a los Siete Dioses de la Fortuna, es bendecido y se salva de cualquier desgracia. La fe en este grupo divino data de finales del período Muromachi (s. XVI) en Japón, se popularizó en el período Edo (s. XVII-XIX) y ha continuado hasta nuestros días.

A continuación, os explicamos de dónde proceden y que representan todos y cada uno de los Siete dioses de la Fortuna:

Benzaiten:

También llamada Benten, es la única figura femenina dentro de los Siete Dioses de la Fortuna. Benzaiten es una diosa del budista japonés que surge a partir de la diosa hindú Saraswati en la India. Simboliza la música, las artes y el conocimiento y a menudo se la ve sosteniendo una biwa o laúd japonés. Hay varios templos en honor a Benzaiten en Enoshima y ella es la diosa que representa la virtud de la alegría.

Estatua de Benzaiten. Imagen de Wikipedia

 

Bishamonten:

Originario de la India, como Benzaiten, Bishamonten es el dios de los guerreros y el castigador de los malhechores. Es uno de los cuatro guardianes del budismo (shitennou) y a menudo se le representa con rostro serio, llevando armadura, con un arma en la mano y una pagoda en la otra. La pagoda que sostiene Bishamonten representa el tesoro que custodia y regala a la gente. Bishamonten representa la virtud de la dignidad.

Representación de Bishamonten. Imagen de Minneapolis Institute of Art

 

Daikokuten:

En ocasiones se le llama Daikoku y es la divinidad de la riqueza y la prosperidad. Es el equivalente japonés del dios Shiva, que surgió en la India y llegó a Japón durante el siglo IX. Generalmente, en las representaciones de Daikokuten se le ve sonriendo, con un mazo en la mano derecha y de pie sobre fardos de arroz. También hay un mito de que es padre de Ebisu, el dios que veremos a continuación. Daikoku representa la virtud de la fortuna.

Figura de Daikokuten. Imagen de Ninjaya

 

Ebisu:

Curiosamente, es el único de los siete que nació en Japón. A Ebisu se le conoce por ser el dios del comercio y de la pesca y es especialmente venerado por quienes se dedican a esos sectores. Muchas veces se le aprecia con un pez en la mano izquierda, una caña de pescar en la derecha y un sombrero puntiagudo. A modo de anécdotas cabe destacar que en Japón puedes coger el tren en la estación de Ebisu y que existe una cerveza japonesa, Yebisu, cuyo nombre procede del de la divinidad. Ebisu es también el dios que representa la virtud de la honestidad.

Dibujo de Ebisu. Imagen de Japan This

 

Fukurokuju:

Dios de la riqueza, la felicidad y la longevidad. Todo apunta a que su nombre proviene de la versión japonesa de las palabras Fuku-roku-ju. Se dice que es una combinación de los tres dioses estelares de China. Esta deidad se caracteriza por su barba larga, su frente ancha y por llevar traje chino. En ocasiones los animales que representan la longevidad están con este dios, como los ciervos, las tortugas o las grullas. Fukurokuju también representa esa misma virtud, la longevidad.

Dibujo de Fukurokuju. Imagen de Museum of Fine Arts Boston

 

Hotei:

La felicidad y la abundancia, esto es lo que simboliza. También procede de China y está basado en la reencarnación de Maitreya, un santo budista. En los dibujos y esculturas que tratan de plasmarlo, se puede ver a un monje budista sonriente y barrigudo con un ogi o abanico ceremonial y un saco. En el extranjero, se le conoce como el «Buda que ríe». Hotei es el dios que representa la virtud de la felicidad.

Escultura de Hotei en Shizuoka. Imagen de Flickriver

 

Jurojin:

Por último, Jurojin que viene de China, al igual que los dos anteriores, Fukurokuju y Hotei. Es el dios de la sabiduría y la longevidad, y físicamente se parece bastante a Fukurokuju, de hecho, a menudo se confunden entre sí y hasta se ha dicho que los dos habitan en el mismo cuerpo. El bastón que aguanta Jurojin tiene un pergamino o makimono atado a él. Al simbolizar la longevidad, muchas veces también le acompañan animales como ciervos en sus representaciones. Jurojin representa la virtud de la sabiduría.

Figura de Jurojin. Imagen de Christie’s