Shōjo: ¿qué y para quién?

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El jueves de la semana pasada tuvo lugar en Espai Daruma una de nuestras míticas Nits Temàtiques. En esta sesión, el sempai Oriol Estrada Rangil [@capitanurias en twitter] vino a hablarnos sobre el shōjo. Aunque muchos ya conocéis el término, Oriol nos ayudó a entender más en profundidad este término al mismo tiempo que rompía ideas preconcebidas.

Pero, ¿qué es el shōjo? Bueno, el término shōjo (少女; しょうじょ en japonés) literalmente significa “niña” o “chica” y viene a determinar el consumidor de dicho manga o anime. Es decir, no se trata de un género como la fantasía o la aventura, como muchos podéis pensar, sino que se trata de una etiqueta demográfica. Normalmente se etiqueta como shōjo a todas las historias de amor protagonizadas por chicas jóvenes. Sin embargo, el shōjo va más allá e incluye otro tipo de historias, enfocadas en un público femenino.

 

Historia del shōjo: obras, autores y estilos

El shōjo tiene su origen en las publicaciones de revistas como “Shojo-kai” (1903 – 1912) o “Shojo no Tomo” (1908 – 1955). Fueron, por lo tanto, revistas pioneras en este tipo de manga. En su origen, el manga shōjo fue cultivado por hombres. Tenemos, por ejemplo, a Osamu Tezuka (1928 – 1989) con “La Princesa Caballero” (1967); a Makoto Takahashi (1934 –  con “Sakura Namiki” (1957), entre otros. Las historias de estas décadas están protagonizadas por mujeres, pero suelen tener un aire muy estereotípico.

Fragmento del manga “La Rosa de Versalles” de Riyoko Ikeda.

Sin embargo, a partir de mediados de los 60 el número de mujeres que participaban en el manga shōjo aumentó. En este momento, aparece un grupo de mangakas femeninas prolífico: el grupo del 24 con autoras como Keiko Takemiya (1950) con “La balada del viento y los árboles” (1967); Moto Hagio (1949) con “¿Quién es el 11º pasajero?” (1975); Yasuko Aoike (1948) con “From Eroika with Love” (1976); Ryoko Yamagashi (1947) con “Shiroi Heya no Futari” (1971); Yumiko Oshima (1947) con “The Star of Cottonland” (1978); y Riyoko Ikeda (1947) con “La Rosa de Versalles” (1972). Las historias que se contaban en estos mangas no solo tratan de romances femeninos, sino que hay relatos de ficción, misterio e incluso terror (sí, sí, ¡terror!). Las influencias más cercanas son los autores masculinos anteriores (ojos grandes, mucho brillo, grandes expresiones, etc) pero las historias se acercan más al público femenino.

Finalmente, el manga shōjo avanza hasta los 80’s y los 90’s y nos sorprende con innovaciones en la forma de contar la historia. Los espacios en blanco son lo primordial en estos mangas para explicar las emociones de los personajes. Las historias vuelven a tener un aire más familiar (romances de instituto, historias de adolescentes, historias del día a día) y surge una tanda de nuevas autoras. Tenemos, por ejemplo, a Ai Yazawa (1967) con “Nana” (2000); a Yoko Namio (1966) con “No me lo digas con flores” (1993); a Wataru Yoshizumi (1963) con “Marmalade Boy” (1992); y Yuu Watase (1970) con “Fushigi Yugi” (1992).

El shōjo tiene una historia, por lo tanto, larga y digna de ser mencionada. La Nit Temàtica lo dejo muy claro y es un manga que aún sigue con fuerza. Esperemos que después de leer este post, podáis empezar a leer manga shōjo con más emoción o, si nunca os habéis atrevido, os tiréis a la piscina de este mundo y lo disfrutéis como nosotros lo disfrutamos.