Traductor y corrector: ¿enemigos acérrimos?

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Como correctora, estoy acostumbrada a trabajar sola. Cuando corrijo, incluso me molesta tener la música puesta. Necesito silencio absoluto, concentración total. Normalmente, me llega un encargo de corrección (ya sea una traducción o un original), lo corrijo siguiendo los criterios que me pauta la editorial (más o menos intervención, ajuste a la guía de estilo, etc.), se lo devuelvo al editor, con suerte me da las gracias, y aquí acaba todo. Ese es el círculo habitual de las correcciones con muchas editoriales. Hasta que me llegaron los primeros encargos de Daruma.

Ah, amigo. Daruma me saca de mi zona de confort.

En Daruma el sistema de trabajo es diferente: para empezar, en el documento usamos el comando Control de cambios, lo que significa que absolutamente cualquier cambio con respecto al documento que he recibido, por mínimo que sea, queda marcado y señalado para que el traductor y más tarde el coordinador los vean y los validen. Y eso, en un primer momento, ¡me llena de pánico escénico! ¿Quién ha traducido el documento? ¿Le molestará que le corrija? ¿Me odiará por mancillar su texto?

Una vez superado el reparo a ver sometido tu trabajo al que supones el más crítico escrutinio por parte del traductor o traductora, me centro en lo mío y se me olvidan las dudas. Me siento cómoda. Abro notas, comentarios, apunto sugerencias. Y cada cambio, como será sometido al que yo imagino ese escrutinio crítico, está plena y absolutamente justificado (al menos en mi cabeza): “Esto lo cambio porque lo dice el DRAE”, “Esto lo pongo porque hay un error de coherencia”, “Esto lo quito porque se repite la palabra tres veces en dos líneas”, “Aquí sugiero esta traducción que me parece mejor para esta expresión”… ¡Me gusta mi trabajo! No se me olvida que el texto pertenece a su autor, en este caso al traductor, y mi intención no es escribirlo ni reescribirlo, ni hacerlo mío en ningún sentido. Mi objetivo es simplemente que el texto se adecue a la normativa aplicable, eliminar errores de coherencia y cohesión y adecuarlo al máximo a nuestro idioma.

A partir de aquí, se establece un diálogo que en mi opinión es fantástico (“Pues esto no me lo cambies porque me gusta más así”, “Esto no porque quería decir esto otro”, “Esto ok”). Empieza un intercambio de mails, nuevas notas, nuevos comentarios. A veces discutimos la elección de la palabra más adecuada o la correcta aplicación de la normativa. Creo que este diálogo dota de vida al texto, lo mima, lo cuida, lo hace más rico, mejor. Y, desde luego, ¡el intercambio resulta muchísimo más enriquecedor para todos! Además, la sangre nunca llega al río, porque Daruma actúa como juez e impone el criterio final y toma las últimas decisiones para que las discusiones no se vuelvan bizantinas, ¡así que todos contentos!

Me gusta trabajar en equipo. Me gusta de verdad; no porque esté de moda decirlo o porque sepas que vas a quedar bien en una entrevista de trabajo. Nos enriquece a todos, nos obliga a esforzarnos al máximo, a darlo todo en todo momento. El producto final (ya sea una novela, un manual de jardinería o un manga) es mucho mejor porque se abarcan más ámbitos y se pueden cuidar más los detalles. Y al final, eso es lo que queremos todos, ¿no?

Como-trabajar-en-equipo

Montse Muñoz es traductora y correctora, colabora con Daruma Serveis Lingüístics.