Peace Boat Experience: un intercambio diferente

Publicado en: Actividades culturales | 0

El Peace Boat atracó en Barcelona hace algunos días, y para quien no lo conozca todavía, se trata de una ONG de origen japonés que fleta un barco que va por todo el mundo para promover la paz, derechos humanos, el respeto al medio ambiente y el desarrollo sostenible. Uno de nuestros “darumitas” pasó unas horas con algunos de sus tripulantes. Os dejamos con Gerard y su historia con el Peace Boat:

Éramos diez estudiantes, más o menos nerviosos. La mayoría de nosotros temía no poderse comunicar bien y que le faltasen las palabras a la hora de mantener una conversación fluida, pues ya nos habían avisado que fuésemos con la idea de que pocos hablarían inglés y el día era largo. Entre estos pensamientos y conversaciones entre nosotros compartiendo experiencias y conociéndonos, llegó la hora de encontrarse con las guías y las presentaciones. A cada uno de nosotros se nos asignaron tres turistas y algunos tuvimos la suerte de que ninguno hablaba inglés. Así, no nos sentiríamos tentados de recurrir a él para expresarnos. En mi caso, mis acompañantes fueron una extrovertida chica de mi edad y una entrañable pareja de ancianos y luego de que todo el mundo se presentara con su grupo, empezó el día y todo fue sobre ruedas.

Fuimos a comer al restaurante Els Porxos, donde pudimos degustar un menú de escalivada y paella diseñado exclusivamente para turistas. Entre bromas sobre la comida, preguntas sobre el independentismo y registros en Line, fuimos a pasear por los alrededores de la Sagrada Familia. Mientras los turistas disfrutaban comprando omiyage baratos, les explicábamos divertidos que no sabíamos cuándo se iba a terminar aquella construcción, y si lo iba a hacer algún día.

La siguiente parada fue el parque de la Ciudadela, donde la lluvia nos aguó las actividades lúdicas por grupos para echarnos unas risas. Sin embargo, lo que la lluvia no consiguió aguarle a nadie fueron las interesantes conversaciones sobre manga, anime y música. La penúltima parada para ellos fueron las Ramblas, en las que no faltaron las preguntas sobre los tristes sucesos acontecidos dos meses atrás. A pesar de todo, todos y cada uno de nosotros (especialmente los que teníamos personas mayores a nuestro cargo) activamos nuestros sentidos protectores y advertimos a nuestros japoneses que tuviesen cuidado con sus cosas en aquella calle. Tras compras de souvenires graciosos, meriendas de churros con chocolate y búsquedas infructuosas de la Boquería entre el mar de gente, el tour por la ciudad llegó a su término.

Muy a nuestro pesar, nos despedimos de nuestros turistas, pero aquello aún no había terminado para nosotros. Nos esperaba un tour guiado por el Peace Boat, aquel barco del que habíamos visto desembarcar nerviosos a los japoneses a primera hora de la mañana. Los turistas más jóvenes y que estaban menos cansados nos acompañaron en nuestra visita por pasillos llenos de camarotes, bibliotecas, exteriores del barco y elegantes salas de bares y restaurantes.

No pudimos usar las jidôhanbaiki llenas de suculentos aperitivos y atractivas bebidas, pero algunos nos enamoramos un poco de aquel barco. Terminamos el tour por aquella colosal embarcación y ahora sí, con un poco de tristeza, nos despedimos finalmente de los japoneses que quedaban. Nos dieron una bolsita llena de aperitivos y sorpresas para conmemorar aquel día en la que a cada uno le tocaron cosas distintas, aunque todos nos llevamos lo mismo de aquel día: una experiencia enriquecedora e inolvidable de acercamiento entre culturas e idiomas. Los nervios del principio se habían convertido en ganas de seguir practicando el idioma y también en una experiencia que deseamos repetir algún día, aquí o quién sabe si en el propio país nipón.